Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos: su vientre, como claro marfil cubierto de zafiros.
Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro: su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros.
Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, oh doncellas de Jerusalem.