Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil.
Su cabeza, como oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.
Sus ojos, como palomas junto á los arroyos de las aguas, que se lavan con leche, y á la perfección colocados.
Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores: sus labios, como lirios que destilan mirra que trasciende.