Ciñeron pues sus lomos de sacos, y sogas á sus cabezas, y vinieron al rey de Israel, y dijéronle:
Tu siervo Ben-adad dice: Ruégote que viva mi alma.
Y él respondió:
Si él vive aún, mi hermano es.
Esto tomaron aquellos hombres por buen agüero, y presto tomaron esta palabra de su boca, y dijeron:
Y él dijo:
Ben-adad entonces se presentó á Achâb, y él le hizo subir en un carro.