¡Cuán hermosos son tus pies! — Cantar de los Cantares 7:6–13
¡Qué hermosa eres, y cuán suave, oh amor deleitoso!
¡Y tu estatura es semejante á la palma, y tus pechos á los racimos!
Yo dije: Subiré á la palma, asiré sus ramos: y tus pechos serán ahora como racimos de vid, y el olor de tu boca como de manzanas;
Y tu paladar como el buen vino, que se entra á mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos.
Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento.
Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas.
Levantémonos de mañana á las viñas; veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, si han florecido los granados; allí te daré mis amores.
Las mandrágoras han dado olor, y á nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.