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Salmo 144 — Salmos 144:10–14

Tú, el que da salud á los reyes, el que redime á David su siervo de maligna espada.
Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira.
SAL 144:10–11
Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas á manera de las de un palacio;
SAL 144:12
Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; nuestros ganados, que paran á millares y diez millares en nuestras plazas:
Que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; que no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.
SAL 144:13–14
— 366 — Salmos 144:10–14 RV1909