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Salmo 102 — Salmos 102:4–10

Mi corazón fué herido, y secóse como la hierba; por lo cual me olvidé de comer mi pan.
Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado á mi carne.
SAL 102:4–5
Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el buho de las soledades.
Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado.
SAL 102:6–7
Cada día me afrentan mis enemigos; los que se enfurecen contra mí, hanse contra mí conjurado.
Por lo que como la ceniza á manera de pan, y mi bebida mezclo con lloro,
A causa de tu enojo y de tu ira; pues me alzaste, y me has arrojado.
SAL 102:8–10
— 240 — Salmos 102:4–10 RV1909