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Salmo 95 — Salmos 95:5–11

Suya también la mar, pues él la hizo; y sus manos formaron la seca.
SAL 95:5
Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor.
Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
SAL 95:6–7
No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto;
Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, y vieron mi obra.
Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.
SAL 95:8–11
— 228 — Salmos 95:5–11 RV1909