Salmo 95 — Salmos 95:5–11
Suya también la mar, pues él la hizo; y sus manos formaron la seca.
Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor.
Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz,
No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto;
Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, y vieron mi obra.
Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.
Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.