Salmo 18 — Salmos 18:33–42
Quien pone mis pies como pies de ciervas, é hízome estar sobre mis alturas;
Quien enseña mis manos para la batalla, y será quebrado con mis brazos el arco de acero.
Dísteme asimismo el escudo de tu salud: y tu diestra me sustentó, y tu benignidad me ha acrecentado.
Ensanchaste mis pasos debajo de mí, y no titubearon mis rodillas.
Perseguido he mis enemigos, y alcancélos, y no volví hasta acabarlos.
Helos herido, y no podrán levantarse: cayeron debajo de mis pies.
Pues me ceñiste de fortaleza para la pelea; has agobiado mis enemigos debajo de mí.
Y dísteme la cerviz de mis enemigos, y destruí á los que me aborrecían.
Clamaron, y no hubo quien salvase: aun á Jehová, mas no los oyó.
Y molílos como polvo delante del viento; esparcílos como lodo de las calles.