Fuí escarnio á todo mi pueblo, canción de ellos todos los días.
Hartóme de amarguras, embriagóme de ajenjos.
Quebróme los dientes con cascajo, cubrióme de ceniza.
Y mi alma se alejó de la paz, olvidéme del bien.
Y dije: Pereció mi fortaleza, y mi esperanza de Jehová.