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El haz de los que viven — 1 Samuel 25:32–38

Y dijo David á Abigail:
Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases; Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy el ir á derramar sangre, y á vengarme por mi propia mano: Porque, vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado priesa en venirme al encuentro, de aquí á mañana no le quedara á Nabal meante á la pared.
Y recibió David de su mano lo que le había traído, y díjole:
Sube en paz á tu casa, y mira que he oído tu voz, y tenídote respeto.
1S 25:32–35
Y Abigail se vino á Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey: y el corazón de Nabal estaba alegre en él, y estaba muy borracho; por lo que ella no le declaró poco ni mucho, hasta que vino el día siguiente. Pero á la mañana, cuando el vino había salido de Nabal, refirióle su mujer aquestas cosas; y se le amorteció el corazón, y quedóse como una piedra. Y pasados diez días Jehová hirió á Nabal, y murió.
1S 25:36–38
— 142 — 1 Samuel 25:32–38 RV1909